NEWSPAPER OF THE DIOCESE OF BELLEVILLE, IL.

 

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El Mensajero


Hermana Luz E. Alvarez Habla a la Conferencia Hispanos de la Diocesis de Belleville en Mt. Vernon

Articulo por Hermana Luz  E. Álvarez
Photo por Liz Quirin

Como el barro en las manos del alfarero, así  estas tú en mis manos”. Jeremías  18,6  


Conferencia dada el día de los jóvenes hispanos de la  Diócesis de Belleville en  Mt. Vernon.

La Biblia en el  Génesis  2,7  nos presenta a Dios  creando al ser humano como lo hace un alfarero que  toma  arcilla del suelo, la amasa  amorosamente  y forma su obra en cada uno de  manera única, sin repetirse. Así  como hay barro de muchos colores, muchas formas, muchas utilidades, absolutamente nadie  es igual, cada uno es único, única en el universo como un acto creador del amor de Dios que quiere que tengamos la certeza de su palabra: “Como el barro en las manos del alfarero, así  estas tú en mis manos”

 La manera como Dios va formando nuestro barro es  por medio de las personas  y  las experiencias de la vida.  Las  relaciones  que se tienen con los demás deja huellas en la  vida: con cada uno de los padres, hermanos,  amigos, familiares y vecinos. Así mismo  la vida es lo  que se experimenta  cada día y eso va dejando huella en la  vida: los programas que veo en la televisión,  las películas,  los juegos  de PlayStation,  el deporte, el tiempo que duermo, el tiempo que trabajo ayudando en casa o ganando algún dinero…. Todo eso es lo que va tocando mi persona y me va dando una manera de ser.

A veces hay quien aprieta mucho mi barro (mi vida) y me puede dejar marcas muy profundas: cuando alguien me golpeó, me insultó, no me tomaron en cuenta, etc. También  cuando el alfarero no presiona el barro,  el barro queda deforme, sin ninguna utilidad, esto mismo puede suceder en nuestra  vida cuando nadie me   corrige ni exige y me dejan hacer lo quiero,  sin  saber qué es bueno y qué es malo en la vida  y no se que hacer con ella porque no me ayudan a modelarla. Es un sentimiento de que en el fondo nadie se preocupa por mí. Pero mas que nunca Dios me dice; “Como el barro en las manos del alfarero, así  estas tú en mis manos”

Otras veces podemos experimentar situaciones que nos rompen, que nos han hecho sufrir y sentimos que hemos perdido valor. Como cuando mis padres se divorciaron, alguien me traiciono, alguien abusó de mí,  murió alguien muy querido para mi, caí en la droga, alcohol, problemas graves en la escuela, etc. Esas situaciones  en la vida  nos resquebrajan, nos fracturan la autoestima, la seguridad, el valor de nosotros mismos. Pero aunque sienta que algo se ha roto en mi, no dejo de ser valioso  a los ojos de Dios, mi valor no depende de lo que haya hecho, me hayan hecho, o haya vivido. Mi valor depende de lo que soy como persona. Dios no quiere esas situaciones, Dios respeta nuestra libertad y la libertad de los demás. Y si Dios permite algo doloroso  es SIEMPRE para algo mejor en nuestras vidas. Porque “todo contribuye para el bien de los que aman a Dios (Rm.8,28).”

Cuando voy creciendo y dándome cuenta de qué cosas me ayudan y qué no me ayuda, puedo tomar mi vida en mis manos y guiado por el Espíritu Santo  decidir qué  quiero hacer con ella  y  ya no depender  de lo que los demás me digan o cómo me valoren, porque “Como el barro en la manos del alfarero, así  estoy yo  en las manos de Dios” que es el único que conoce  mi verdadero valor.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                  

Paradójicamente son las situaciones difíciles y dolorosas las que ponen a prueba nuestra   fuerza,  esas situaciones son como el fuego que cocen el barro, de otra manera si no se coce,  el agua se va a salir o con cualquier golpecito se va a quebrar.  las dificultades de la vida es lo que nos hacen fuertes y nos preparar para enfrentar otros retos.  Esas situaciones son como el fuego donde la acción del Espíritu Santo cocen el barro y  nos ayuda a  salir adelante.

Cuando siento la fuerza para  luchar, cuando aprendo de esas  experiencias y corrijo lo que hice mal para no repetirlo  e incluso  ayudar a otros a superarse, es la sabiduría del Espíritu Santo. Cuando sigo amando a pesar de haber sufrido traición o rechazo es la acción del Espíritu  Santo que me  llena de su amor y  permite ayudar a otros.

Todo este es el proceso es lo  que a lo largo de nuestra vida nos  permite tener la experiencia de la presencia de Dios  que suceda lo que suceda El nunca nos abandona, siempre esta en nosotros y si esta en nosotros no es para que solamente lo tengamos para beneficio personal sino que lo comuniquemos a los demás con la seguridad de que su palabra es verdadera: “Como el barro en las manos del alfarero, así  estas tú en mis manos.”

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